lunes, 12 de julio de 2010

La Guerra que no fue Guerra


La década del 70 fue una época llena de revoluciones, guerras, golpes de estado no sólo en la Argentina, sino también en Latinoamérica. En breves palabras, se podría decir que fue una época de violencia política. En 1973, el presidente de Chile, Salvador Allende, es derrocado en un Golpe de Estado, comenzando el Régimen Militar, que duraría hasta 1990. El 27 de junio se da el golpe de Estado cívico-militar en Uruguay, comenzando la dictadura uruguaya, que duraría hasta 1985. En 1976, se inicia el Proceso de Reorganización Nacional en Argentina, la dictadura que sufrió este país hasta 1983.
En el Gobierno de Onganía se produce un desastre económico en la Argentina. El interior comienza a empobrecerse. Se suspenden los subsidios a las economías regionales, se congelan los salarios, se prohíben las actividades políticas, y se eliminan todos los partidos políticos y métodos de democracia. Esto último es lo que más se destaca de ese período.
Durante su duración se desarrolló un proceso sistemático de secuestro y tortura de personas —la llamada "guerra sucia"—, producto del cual hubo una gran cantidad de desaparecidos. Según Massera, y otros, deslizaban la justificación del horror a un concepto como el de “guerra”. Pero no fue una guerra. Fue en primer lugar, el amordazamiento de toda fuerza política que pudiera darle una salida democrática a la república; y en segundo lugar fue el aniquilamiento de toda una guerrilla.
Era una justificación que no tiene una mínima explicación. Se plantea une exterminio de una clase, que los dictadores llamaban “perejiles”, a los cuales llevaban a los centros de clandestinidad, los torturaban y mataban. Pero esos seres que tenían un apodo particular murieron por error, que murieron por nada, que murieron por tontos. Hoy esos perejiles son los desaparecidos.
Ahora bien, porqué utilizar ese esa palabra para nombrarlos. “Perejil”, un ser silvestre, ingenuo. Es claro, un “jil” o más exactamente un “gil”, con toda la carga despectiva que conlleva la palabra en la Argentina. Un ser alejado deL Poder, un “Pérez Gil”, un ser anónimo y tonto. Pero básicamente fueron los militantes políticos de superficie en la década del ´70.
Una de las características del terrorismo de Estado es la a-tipificación del delito. Walsh escribe en su carta a la Junta Militar “quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles d desterrados son la cifra desnuda de ese terror”. Nadie sabe los motivos de la culpa, pero esos hombres morían por dar la cara.
Ellos buscaban una sociedad mejor, y por eso no murieron en vano, sino por generosos. Entonces los que se puede rescatar de esa época, es que los jóvenes que combatían por su país, por tener una mejor sociedad, murieron sin causa alguna, pero quedarán en historia como los “grandes luchadores” por defender sus derechos les costo la vida.

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